Imagen catártica

thinking a smoke

Tal vez fue un escrito planeado. Claro que el plan no fue planteado en el escrito mismo sino en la forma en que sería recibido; con retraso, sin comunicación segura, con sólo dos opciones en mente, una respuesta posible y una indeseada; la lejanía fue el término clave.

El miedo que tenía aquel por abrir las puertas a lo desconocido fue lo que le hizo mantener las manos en los bolsillos, lo que le impidió sacar esa llave y ponerla en el cerrojo y saber si abriría o no aquella puerta.

Cuando llovió esa noche que envió el escrito fue como si hubiera puesto la mano en la manija de la puerta y el sudor de su mano hubiera sido más frío que nunca y lo alejara de la puerta a espera de que alguien abriera del extremo contrario.

Al enviar el escrito no supo hacer nada más que tomar un carbón y un trozo de papel y comenzar a tallar trazos ilegibles, no podía hacer nada más mientras esperaba a que el escrito llegara conforme a los pasos planteados al momento de decidir enviarlo. Sabía que tendría que esperar varios días antes de tener cualquier esbozo de respuesta, esperaría pacientemente mientras repetía el proceso del carbón y el papel, en espera de mejorar el resultado del día anterior y de recibir cualquier idea que dirigiera el trazo hacia alguna forma definida, alguna letra, algún espacio, cualquier concepto. Así mataría dos pájaros de un tiro: la necesidad de crear algo útil para sí mismo y evitar la especulación ansiosa. Sigue leyendo

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