Una extrañeza… escondido entre archivos (Ciclo Pluvial)

Había olvidado este escrito… No veo el caso de postearlo, mas no veo el caso de no hacerlo… Sólo lo leo y me agrada, lo recuerdo y no me produce nada, es un buen texto —a menos que deseen rebatir eso —y mostrarlo no hace nada… sólo ver las cosas como fueron hace mucho tiempo, aquí empieza:

Tal vez todo sea una vaga ilusión de la que no hay salida, ilusión que facilita las cosas y el ir y venir de las horas, de los días; en espera de que haya una respuesta clara en dado momento y pueda salir sin miedo a nada, todo es confusión y nada avanza.

Me encuentro mirando a la cubierta de una parada de autobuses, veo mi reflejo. No hay nada en mí que parezca diferente, nada que me haga ver confundido o asustado… Parece que eso lo veo en mis ojos cuando veo esas expresiones, esa alma atormentada y me hace sentir inútil, indefenso e incapaz de ayudar… Son pocas las personas que me producen esa sensación de impotencia en una forma u otra; esta en especial me provoca un terrible pesar. ¿Qué decirle?, ¿cómo actuar?… El flujo del tiempo es traicionero y cada cosa que hago y digo parece servir para nada. A veces pienso que evolucionan los sentimientos y de un momento a otro parece lo contrario: Retroceso y confusión. Son cosas que no suceden en días, son cambios que se dan de un momento a otro; en un lapso de una hora puedo presenciar odio, amor, confusión, depresión y alegría… Todo proveniente de una sola persona y cada vez que trato de entender, la presión invade mi mente y se transforma en flujo sanguíneo que avanza hacia mi cerebro y provoca terribles dolores de cabeza que no pueden ser calmados con nada. No hago más que esperar a que pase y trato de pensar en otras cosas, pero me es imposible, incluso los sonidos más familiares y monótonos vuelven mi atención hacia su posible presencia, a pensar que posiblemente esté ahí; esperar alguna frase, alguna palabra, se vuelve poco a poco un alivio no pensar en esa persona, seguir con mi vida puede que sea la mejor opción; no creo lograrlo. A pesar de que quisiera evitar actuar se que eventualmente lo haré, que me arriesgaré –como siempre –a enfrentar el camino más difícil e incierto. No se, hay demasiados detalles que me provocan esa inquietud mientras que la imagen completa parece ser muy pesimista…

Son esos pequeños gestos, esa expresión multicolor en su mirada, esos fugaces reflejos de… no se de qué, pero se que son imperceptibles los detalles que me atan poco a poco, la brisa que me empuja hacia el interior del bosque es fina pero sólida. Cada frase que pienso tiene menos coherencia que la anterior, todas ellas son formas diferentes de decir una sola cosa… Que no pienso decir. Prefiero las alegorías a las palabras directas, aunque a veces ya no se si únicamente estoy siendo hiperbólico o realmente la confusión es tal.

Me he llegado a sentir vulnerable ante su mirada, ante sus palabras –maduras pero infantiles –, ante sus expresiones inquietas y llenas de algo que creo confundir con inocencia. Indefenso ante lo que me provocan esas miradas fugaces por el rabillo del ojo. Por momentos me sorprendo a mí mismo sintiéndome bien; por momentos, muy pequeños, me encuentro imaginando… Me reprimo, me alejo de esos pensamientos; no quiero sorprenderme un día y darme cuenta de que no he pensado en otra cosa, darme cuenta también de que he actuado erróneamente y he caído en aquella situación que he evitado –que creo haber evitado –. No quiero pensar que ya me encuentro allí…

Sólo no quiero ser aquel amigo irremplazable.

Todo fue un deja-vú: Cine, comida, plática, lluvia, sombrilla, trayecto impasible, café, lluvia… todo. El único cambio fueron esas miradas fugaces. Sutilmente hiperbólico.

¿Qué sigue? No puedo saberlo… Sólo esperar hasta que suceda, expuesto a todo y a nada, a esas miradas cargadas de complicidad, al escrutinio del circulo interior y algunos anexados del secundario. Todos los pensamientos son independientes, entrecortados, no logro estructurar una sola idea que me ayude a explicar más. Esperaré a que el descanso y los sueños me digan lo que pienso realmente y tal vez en ese momento lo escriba todo y logre que todo tenga un atisbo de coherencia…

— – –

Han pasado varias horas desde las frases incoherentes y de la necedad mental; me encuentro probando varias cosas, pensando en todas las posibilidades y un peso se ha ido, por lo menos momentáneamente, tal vez sea una preocupación mayor en unos días. La brisa y la música me relajan, me hacen pensar en todas las veces que no he tenido preocupaciones y en cuando las cosas se han sentido fáciles.

Una historia:

«Las posibilidades parecen infinitas y los resultados indescifrables… Me despido de Nekane debajo de la lluvia, y le entrego su sombrilla. Me insinúa que la acompañe aún más lejos de lo que he ido ya y, al ver un momento de duda en mi cara se apresura a decir

–No, no es cierto. No quieres –realmente me habría agradado –.

No puedo decir nada, sólo atino a reír y ella sonríe. Nos despedimos nuevamente y en unos movimientos faltos de coordinación no atinamos a tomarnos de las manos –las articulaciones no me respondieron correctamente –. Sonreímos al darnos la vuelta y comienzo a caminar. No volteo, no se si ella lo hace, camino rígido, no volteo, no volteo, camino al fondo de la estación, no volteo… volteo, ya no la veo. Me cubro la cara, no se si quiero reír, si quiero llorar, si quiero algo. Pierdo el equilibrio y termino en la malla que delimita el interior del metrobus. Me mantengo en pie por varios minutos y junto a mí siento el frío y agradable aroma del metal: frío, húmedo; doy unos pasos hacia atrás y choco con un tubo en diagonal. Ese mareo no es común, no se qué es y prefiero sentarme antes de que pueda caer. Camino casi al fondo de la estación y me siento junto a una columna de acero. La gente que baja de los autobuses me mira extrañada, no se qué puedan pensar, no alcanzo a escuchar lo que dicen mientras se alejan; unos ríen y otros no dicen nada. Cuando se vacía la estación la ventisca me golpea la cara, tengo muy cerca la puerta para ascenso y descenso y las contadas personas que esperan el siguiente autobus se alejan discretamente de mí; tal vez piensan que esté drogado o algo por el estilo, pero no, sólo estoy mareado y vacío… en espera de algo, de que pase la lluvia, de que regrese Nekane, de que… No espero nada.

Después de media hora veo que un policía se me acerca y me levanto rápido, en eso veo el resplandor ambarino de un autobús, se detiene, la gente comienza a bajar y el sonido de las puertas cerrando me distraen del policía y lo pierdo de vista, sólo me subo al autobús y me acomodo en la articulación. Observo a la gente que viene cerca de mí; parecen tan tranquilos, algunos cansados, otros somnolientos, unos sonríen y el resto es indiferente de la vida como la vida es indiferente de ellos. Un lugar se desocupa y me siento, a mi lado está un hombre con un iPod, lo trae activo y jugando un aleatorio para saber cual es la canción que va escuchando, extrañamente, no trae auriculares, ¿cómo juega entonces? Esa situación sólo me distrae por una estación. Después sólo miro hacia el cristal, los reflejos que produce el juego de luces con las gotas de la lluvia que continúa. Las pantallas que vienen en los autobuses reproducían vídeos musicales, información inútil, variedad de cosas; yo prefería seguir las imágenes en el reflejo que las distorsionaba, que les cambiaba el color, que les incrustaba franjas verdes, rojas, azules, veía la transición de los canales de color en el monitor a través del cristal. Esos simples momentos me hacían pensar en nada, en todo, en las infinitas posibilidades. 

Todo lo que hago en estos días me hace pensar en las infinitas posibilidades de la vida, de las decisiones, de cualquier cosa. 

Un nudo en la garganta apareció y todas las emociones contenidas salieron a flote, pensé que iba a romper en llanto, sentí como las lagrimas subieron por los conductos y ejercieron presión en los globos oculares. Sentí como fluían, como salían a borbotones y observé mi reflejo en el cristal oscuro. No había una sola lagrima, nada. Todo fue una sensación solamente, lo que sí vi fueron mis ojos enrojecidos y por temor a que los vieran no separe la vista del cristal, no veía el exterior, sólo los rayones del cristal mismo, la suciedad, la grasa, esas manchas que no se ven a simple vista.

Llegó el autobús a la terminal y fui el último en bajar.

Casi se podía ver el vaho de la gente subir hacia la cubierta y girar hasta huir por los lados de esta hacia el cielo y mezclarse con la lluvia, observaba cuando alguien me empujó y preferí caminar hacia los torniquetes, esperé en el umbral mientras la lluvia seguía. Finalmente decidí por tomar refugio en un café que estaba cruzando la calle, en esos treinta metros que caminé me empapé los pies y el pantalón. El café estaba lleno y como en toda la ciudad nadie veía a nadie, cada quien estaba en su propio mundo y no sentí ganas de permanecer ahí, prefería caminar solo por la lluvia a estar en un lugar donde la indiferencia reinaba; compré un café y salí. Una mujer que estaba sentada en el exterior, cubierta por una sombrilla, me miró… Sentí un gesto de compasión; no le tomé importancia y caminé, esta vez lentamente y disfrutando la sensación fría y húmeda de la lluvia en contraste con el cálido sabor del café. Pensaba en la gente, en como pueden sufrir el caminar por una ciudad sin prestar atención a nada, esperando sólo llegar a su destino, como si el trayecto mismo fuera un martirio, olvidaron hace tiempo disfrutar los mínimos detalles; se encierran es sus iPod, en sus Laptops, en libros que los llevan a mundos distantes, en cualquier cosa que los vuelve insensibles al entorno y a sus mismos acompañantes; cuántas veces no he visto gente que va acompañada y pierden esos valiosos momentos de plática por un par de audífonos que crea una barrera. Caminaba. Mi chamarra ya estaba empapada, el café se había terminado y me sentía tranquilo al fin. Fue cuando subí al siguiente autobús cuando comencé a atormentarme nuevamente; comencé a pensar de nuevo en ella, en Nekane, en sus ojos tan profundos. Estuve absorto todo el trayecto, sólo me percaté de las cosas cuando llegué a mi parada, bajé y caminé nuevamente; me sentía derrotado por mí mismo. Entré a mi casa, prendí la computadora y comencé a escribir, no podía hacer más, a menos que quisiera explotar, y no lo quería…

“ Tal vez todo sea una vaga ilusión de la que no hay salida, ilusión que facilita las cosas y el ir y venir de las horas, de los días; en espera de que haya una respuesta clara en dado momento y pueda salir sin miedo a nada, todo es confusión y nada…”»

Si llegaste hasta acá… es bueno, tal vez puedas ir algo más abajo y dejar un comentario para saber que tan malo o bueno fue el texto.

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Un comentario en “Una extrañeza… escondido entre archivos (Ciclo Pluvial)

  1. Heyyyy esta bien bonito, un poco largo el final… pero mas que nada me suena muy familia, me da gusto saber que sigues con tu vida, cuidate y estamos en contacto

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