Narrativa

      

Es difícil avanzar hacia un punto cuando te encuentras en la nada, cuando estas y no estas, cuando te encuentras ante una contradicción lingüística y emocional; cuando la solución parece tan sencilla se contraponen sentimientos y la lógica parece, antes que solución, un impedimento; el no saber las cosas y tener sólo tu propia percepción hace la solución inalcanzable y, más aún, inexistente…

La pregunta vuelve a ti cuestionándote qué quieres. La lógica pregunta: ¿A qué estás dispuesto? Ello responde que a todo y yo creo que no puedo saberlo hasta tener una situación concreta. ¿Cuál es la moneda de cambio? Esa es una gran pregunta que no puedes responder. Hay tantos factores de intercambio que te hacen dudar de que haya una sola forma de comportamiento. Hay un finiquito; es un cheque en blanco y no puedes llenarlo, antes lo romperías que escribir algo sobre éste. Cómo puedes pedir una efímera, morirá en un día, ese es su destino.

No sabes qué puedes pedir y no podrás pedir nada que no sea sólo un engrane del conjunto que anhelas…

 

Odiar es una palabra muy fuerte y es algo que olvidaste cómo se siente, eso es bueno. O tal vez no; el problema de no experimentar esa emoción es la dificultad para reconocerla cuando la sientes o cuando la provocas. Uno cree ser odiado. otro cree lo mismo; ninguno es odiado, ninguno odia y se crea un conflicto de interpretación de lenguaje corporal que se traduce en un pesimismo ignorante. La tardía comprensión produce una situación irrisoria y un rápido olvido; mas entre el conflicto y la comprensión hay un proceso de tormento y duda; se cuestiona todo, surge el por qué, para qué, dónde y finalmente, ¿qué hice? Llegas a múltiples soluciones y ninguna te satisface, no parece coherente —y en esos momentos recuerdas: ¡La coherencia no existe aquí! —

. Olvidas, recuerdas, piensas y no llegas a ningún lado; analizas cada momento previo al encuentro que provocó esa duda y no hay nada que diga: Es mi culpa. En cambio, los hechos están confundidos al igual que tú.

Llega la claridad y ríes.

Pasa la risa y vuelve el conflicto, no ese mismo, sino la constancia conflictiva que vives… Es un problema, pero finalmente regresas a terreno conocido y, extrañamente, es un alivio, o podrías decir paliativo. El llegar de nuevo al mismo punto no es bueno, es tranquilizante, pero no bueno; es necesario un cambio, un devenir del pensamiento… el advenimiento de una solución. Manteniendo una actitud optimista o una pesimista es lo mismo; la confusión es tal que no se puede inferir lo que…

¡No se puede inferir nada!

Luego sucede que estas en la misma situación que al principio y lo que obtuviste fue…

 

Lo pensaré y veré si logro llegar a algún punto para decir qué obtienes.

¿Qué quieres a cambio? No creo que haya respuesta específica para eso.

¿Hay punto de comparación entre las opciones y sus componentes? No lo hay, te encuentras con una situación en la que no hay comparación porque no hay semejanzas; aun así, hay continuidad, hay elementos que una parte contiene y que necesita de la otra ciertos elementos. Esa otra parte no tiene lo que la primera y esta situación concluye como una decisión inexistente. La propuesta A tiene un peso específico y la propuesta B tiene un peso relativo, circunstancial e irrelevante. Entonces B depende de A. Finalmente A es estático y B se vuelve inestable y cae.

Llega la nada y no es la misma nada de antes. Antes la nada era, ahora la nada no es. Si no es, hay nada; entonces es. Y vuelves al mismo conflicto.

Duermes y esperas…

no sabes qué, pero esperas. 

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