Una historia extraña a veces sucede. A veces la mente se vuelve activa y comienza a generar situaciones irreales. Últimamente me ha sucedido con más frecuencia y comienzo a pensar que trato de decirme algo… Suena ridículo, por lo menos para mí.
Bueno; esto que viene es lo que escribí hace poco y me agrada… No sé como continuarlo pero lo haré, tal vez será como uno de las tantas historias que comienzo y no termino. A veces terminan y a veces continúan con diferentes personajes y diferentes situaciones, siendo siempre, el mismo fin; contar la misma idea de otra forma tal vez…
«¿Cómo comenzar una historia que no he visto y me ha tocado la suerte de narrar? Es difícil, creo yo.
Así que asumamos los hechos y vayamos al punto que ya he visto y conozco.
Comienza en el centro de la ciudad, el calor es insoportable y la sombra es insuficiente para soportar aquel horno urbano. Él recibe un mensaje, uno más de aquella cadena que conforma una conversación incoherente que sólo su desconocido interlocutor y él entienden. A cada mensaje se va acortando el tiempo de respuesta.
Cada diez minutos, cada cinco minutos, cada minuto; escucho que suena el timbre de su celular. Lo ve, a cada mensaje su sonrisa se vuelve más evidente, hasta que llega el punto que murmura algo que no alcanzo a entender.
—¿Qué has dicho? —Le pregunto.
—¿Eh? No, nada… —Contesta entre risas.
Trato de no hacer caso de esa reacción y continuo con la conversación banal que nos ha llevado toda la tarde.
—Entonces, tu veredicto acerca de mi situación es que no diga nada… ¿Cómo lograr eso?
—Pues sencillo… —voltea a ver su celular —No menciones aquel evento de nuevo, si no lo hace ella, ¿por qué habrás de hacerlo tú? Actúa normal y define la situación, toma el control en la relación y evita que ella lo haga. No me entiendas mal, no quiero decir que tú la manipules ni nada; sólo evita que ella te controle mediante sus reacciones. —voltea de nuevo —Si ella dice algo, hazte el desentendido —voltea —y no tienes que pedir perdón. —Voltea y esta vez suena; deja de ponerme atención y teclea rápidamente para contestar al nuevo mensaje.
No sé qué decir, me siento como intruso; a pesar de que no está el interlocutor siento que su diálogo en la pequeña pantalla es mucho más interesante que el que tiene conmigo. Deja de usar el teléfono y lo guarda en su pantalón.
—Pues mira, no sé qué más pueda decirte; lo que yo puedo decir ya lo he dicho y ahora queda en ti que actúes correctamente… Bueno, ni siquiera sé qué es correcto. Pensando bien las cosas, no tiene sentido lo que te he dicho. —Dice al momento que vamos llegando a un bar que no conocía e inmediatamente pide una mesa. No digo nada, no puedo hacerlo, su frase final me hace enojar un poco; tres horas de hablar del mismo tema para que salga con eso.
En el bar, ya sentados y con un par de cervezas frente a nosotros, se me ocurre preguntarle acerca de aquel interlocutor para evitar reclamarle sobre mi situación.
—¿Con quién te mandas tantos mensajes?
—… —No contesta nada y se queda pensando en, lo que pareciera pensar, la mejor forma de mandarme a la chingada con mi pregunta —Pues, una persona que conocí hace poco; ya la reconocía aunque recientemente la conocí y me dedico a conocerla un poco más.
—Ah, ¿y esa persona tiene nombre? —Pregunto sin saber qué más decir
—Claro
Esperaba un nombre, una respuesta un poco más clara. No la hay y no creo que valga la pena preguntar más, esa actitud no es aliciente para intentarlo nuevamente.
—Bueno y… ¿qué has hecho en este tiempo que no nos hemos visto? —claro, además de mandar mensajes como poseso; eso no lo digo, lo conozco y es demasiado susceptible a ese tipo de comentarios.
—No mucho, sólo vagar y divagar a diestra y siniestra.
Insisto, no sé qué contestarle cuando toma esa posición alegórica. Es cansado tratarlo en esa posición… aunque pensándolo bien, no tiene muchas facetas y la predominante es esta. No queda más que seguir como siempre, seguir su juego o darle por su lado.
Toma su cerveza, de la cual ya lleva la mitad, y se la pasa de un trago. Volteo a la mía y apenas he llegado a tomar una cuarta parte. No importa, la tarde es larga y la noche espera con mucho más alcohol; lo usual es ir a la fiesta más barata y próxima o sólo encontrarnos con los amigos e ir al departamento de alguno a beber hasta el hastío. Esta vez parece que será la primera opción; hay una fiesta en la casa de algún conocido, no sé quién, que promete ser algo para recordar al día siguiente. He escuchado que habrá cantidades industriales de alcohol a precios ridículos y, sí, la recordaremos con la cruda mortal que tendremos el día siguiente. Me doy cuenta que estoy pensando y mi mente se fue muy lejos. Vuelvo al bar y me doy cuenta que está escribiendo otro mensaje.
Sonrío y espero a que termine y en algún momento de la tarde, o la noche, me diga quién es aquel interlocutor que tanto tiene que decir (…)»
Así termina esta parte, la continuación va a ser escrita pronto… bueno, con tantas cosas que hacer espero que sea lo suficientemente pronto para continuar con la idea general intacta.
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